viernes, 28 de mayo de 2010

me tomo cinco minutos

en algún momento iba a tener que hablar del té. la relación que se ha establecido con esta infusión es tal que desde ya advierto que no sera la única entrada.
no voy a hablar de sus múltiples sabores, ni de como la nueva cocina fusión lo ha incorporado a la pastelería; sino a la relación afectiva que los bebedores de té desarrollamos con el.
tomar una taza de té es sin duda un momento para la pausa y la reflexión; cada uno sabrá sabe que y lo que se remueve dentro nuestro en ese instante.
su sabor suele pedir como acompañamiento, una buena compañía, un interesante libro, ventanas a la calle, o valor para afrontar a la soledad y nosotros mismos
quien nos va a acompañar en el clima que envuelve el té es el uruguayo Jaime Roos, no precisa mas presentación.

GOOD-BYE (El tazón de té) *

Nunca más

La nombre

Sin embargo esta noche

El hotel

Otra vez
Su figura transparente

Saludandome

Good-bye

En que vida
Ya ni se
Cuantas noches libretadas

En inglés

Otra vez

Sus valijas trajinadas

Cerrándose

See you


Eres Thea
Eres Beth
Eres Mervi, eres Nina

Marie-Claire

Otra vez
Solo sé que quiero verte
Y que jamas

Te veré


Amo ese bar
Y también este lugar, dijo
Calentando sus manos

En el tazón de té


Amo este juego
De contemplar el fuego,dijo
Cubriendo su sonrisa

Con el tazón de té


Amo esperar la primera señal, dijo
Dejando en el suelo
El tazón de té

Hoy me voy

En un tren

Persiguiendo viejas nubes

Otra vez

A correr

A vivir detrás de algo

Que no supe ni sé
Lo que es

*el texto es de una canción perteneciente al disco " si me voy antes que vos"



viernes, 21 de mayo de 2010

hongos

signos de sofisticación culinaria, estos representantes de ese extraño reino lindero con lo vegetal, acompañan la dieta humana desde tiempo inmemorial. la apreciadisima trufa, el famoso champignon, y la amena levadura para el pan son algunos de los miembros de esta vasta hueste.
ejercito inmóvil, que va absorbiendo los trazos de la muerte para su propia vida, así como nosotros, y es capaz tanto del placer como del dolor con solo confundir su identidad.
quien si ha visto claramente su naturaleza, nada escapa a su mirada, es marosa di giorgio y asi la revela


Los hongos nacen en silencio...


Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio; otros con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ése es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, la estatua a una paloma; otros son dorados o morados. Cada uno trae -y eso es lo terrible- la inicial del muerto de donde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne levísima es pariente nuestra. Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. Ese blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris. Mamá no se da cuenta que vende a su raza.

he aquí su voz





miércoles, 19 de mayo de 2010

contra toda advertencia

nuestra mas tierna conciencia se ve sometida en la infancia, a una serie de condicionamientos en aras de hacer de nosotros hombres y mujeres de bien (vano intento), y posibilitar asi nuestra supervivencia: "mira hacia los dos lados al cruzar la calle", "no hables con extraños" y diferentes consignas por el estilo. pero hay una que en su dictado asume diferentes formas (varía según el nivel de alarma de la madre): "no comas cosas que no conoces" "no comas en la calle, o con extraños, o si no conoces su origen". en fin cháchara que atenta contra un derecho fundamental como lo es la curiosidad gastronómica: ¿como hubiéramos entonces comido esa hamburguesa o chorizo a la salida del estadio o el carnaval, en puestos a todas luces inadecuados?, ¿como hubiéramos probado la comida de otros países en nuestras andanzas de aventureros, armados solamente con nuestros jóvenes estómagos a prueba de todo?¿ o como nos hubiéramos atrevido al suyi, al wasabi, las achuras, el curry y el chutney o cualquier innovación a la que nuestro paladar nos hubiera llevado?
por eso señores, me atrevo sugerir la desobediencia en este terreno y enfrentarnos con alegria y curiosidad a todo aquello que nuestra ansia de conocimiento en las cocinas nos ponga delante, que ya habrá tiempo para rutinas culinarias y de las otras.
sigamos entonces el ejemplo que nos indica el reverendo Lewis Carroll, en Alicia en el país de las maravillas

Alicia no sufrió el menor daño, y se levantó de un salto. Miró hacia arriba, pero todo estaba oscuro. Ante ella se abría otro largo pasadizo, y alcanzó a ver en él al Conejo Blanco, que se alejaba a toda prisa. No había momento que perder, y Alicia, sin vacilar, echó a correr como el viento, y llego justo a tiempo para oírle decir, mientras doblaba un recodo:
--¡Válganme mis orejas y bigotes, qué tarde se me está haciendo!
Iba casi pisándole los talones, pero, cuando dobló a su vez el recodo, no vio al Conejo por ninguna parte. Se encontró en un vestíbulo amplio y bajo, iluminado por una hilera de lámparas que colgaban del techo.
Había puertas alrededor de todo el vestíbulo, pero todas estaban cerradas con llave, y cuando Alicia hubo dado la vuelta, bajando por un lado y subiendo por el otro, probando puerta a puerta, se dirigió tristemente al centro de la habitación, y se preguntó cómo se las arreglaría para salir de allí.
De repente se encontró ante una mesita de tres patas, toda de cristal macizo. No había nada sobre ella, salvo una diminuta llave de oro, y lo primero que se le ocurrió a Alicia fue que debía corresponder a una de las puertas del vestíbulo. Pero, ¡ay!, o las cerraduras eran demasiado grandes, o la llave era demasiado pequeña, lo cierto es que no pudo abrir ninguna puerta. Sin embargo, al dar la vuelta por segunda vez, descubrió una cortinilla que no había visto antes, y detrás había una puertecita de unos dos palmos de altura. Probó la llave de oro en la cerradura, y vio con alegría que ajustaba bien.
Alicia abrió la puerta y se encontró con que daba a un estrecho pasadizo, no más ancho que una ratonera. Se arrodilló y al otro lado del pasadizo vio el jardín más maravilloso que podáis imaginar. ¡Qué ganas tenía de salir de aquella oscura sala y de pasear entre aquellos macizos de flores multicolores y aquellas frescas fuentes! Pero ni siquiera podía pasar la cabeza por la abertura. «Y aunque pudiera pasar la cabeza», pensó la pobre Alicia, «de poco iba a servirme sin los hombros. ¡Cómo me gustaría poderme encoger como un telescopio! Creo que podría hacerlo, sólo con saber por dónde empezar.» Y es que, como veis, a Alicia le habían pasado tantas cosas extraordinarias aquel día, que había empezado a pensar que casi nada era en realidad imposible.
De nada servía quedarse esperando junto a la puertecita, así que volvió a la mesa, casi con la esperanza de encontrar sobre ella otra llave, o, en todo caso, un libro de instrucciones para encoger a la gente como si fueran telescopios. Esta vez encontró en la mesa una botellita («que desde luego no estaba aquí antes», dijo Alicia), y alrededor del cuello de la botella había una etiqueta de papel con la palabra «BEBEME» hermosamente impresa en grandes caracteres.
Está muy bien eso de decir «BEBEME», pero la pequeña Alicia era muy prudente y no iba a beber aquello por las buenas. «No, primero voy a mirar», se dijo, «para ver si lleva o no la indicación de veneno.» Porque Alicia había leído preciosos cuentos de niños que se habían quemado, o habían sido devorados por bestias feroces, u otras cosas desagradables, sólo por no haber querido recordar las sencillas normas que las personas que buscaban su bien les habían inculcado: como que un hierro al rojo te quema si no lo sueltas en seguida, o que si te cortas muy hondo en un dedo con un cuchillo suele salir sangre. Y Alicia no olvidaba nunca que, si bebes mucho de una botella que lleva la indicación «veneno», terminará, a la corta o a la larga, por hacerte daño.
Sin embargo, aquella botella no llevaba la indicación «veneno», así que Alicia se atrevió a probar el contenido, y, encontrándolo muy agradable (tenía, de hecho, una mezcla de sabores a tarta de cerezas, almíbar, piña, pavo asado, caramelo y tostadas calientes con mantequilla), se lo acabó en un santiamén.
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--¡Qué sensación más extraña! --dijo Alicia--. Me debo estar encogiendo como un telescopio.
Y así era, en efecto: ahora medía sólo veinticinco centímetros, y su cara se iluminó de alegría al pensar que tenía la talla adecuada para pasar por la puertecita y meterse en el maravilloso jardín. Primero, no obstante, esperó unos minutos para ver si seguía todavía disminuyendo de tamaño, y esta posibilidad la puso un poco nerviosa. «No vaya consumirme del todo, como una vela», se dijo para sus adentros. «¿Qué sería de mí entonces?» E intentó imaginar qué ocurría con la llama de una vela, cuando la vela estaba apagada, pues no podía recordar haber visto nunca una cosa así.
Después de un rato, viendo que no pasaba nada más, decidió salir en seguida al jardín. Pero, ¡pobre Alicia!, cuando llegó a la puerta, se encontró con que había olvidado la llavecita de oro, y, cuando volvió a la mesa para recogerla, descubrió que no le era posible alcanzarla. Podía verla claramente a través del cristal, e intentó con ahínco trepar por una de las patas de la mesa, pero era demasiado resbaladiza. Y cuando se cansó de intentarlo, la pobre niña se sentó en el suelo y se echó a llorar.
«¡Vamos! ¡De nada sirve llorar de esta manera!», se dijo Alicia a sí misma, con bastante firmeza. «¡Te aconsejo que dejes de llorar ahora mismo!» Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma (aunque rara vez los seguía), y algunas veces se reñía con tanta dureza que se le saltaban las lágrimas. Se acordaba incluso de haber intentado una vez tirarse de las orejas por haberse hecho trampas en un partido de croquet que jugaba consigo misma, pues a esta curiosa criatura le gustaba mucho comportarse como si fuera dos personas a la vez. «¡Pero de nada me serviría ahora comportarme como si fuera dos personas!», pensó la pobre Alicia. «¡Cuando ya se me hace bastante difícil ser una sola persona como Dios manda!»
Poco después, su mirada se posó en una cajita de cristal que había debajo de la mesa. La abrió y encontró dentro un diminuto pastelillo, en que se leía la palabra «COMEME», deliciosamente escrita con grosella. «Bueno, me lo comeré», se dijo Alicia, «y si me hace crecer, podré coger la llave, y, si me hace todavía más pequeña, podré deslizarme por debajo de la puerta. De un modo o de otro entraré en el jardín, y eso es lo que importa.»
Dio un mordisquito y se preguntó nerviosísima a sí misma: «¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde?» Al mismo tiempo, se llevó una mano a la cabeza para notar en qué dirección se iniciaba el cambio, y quedó muy sorprendida al advertir que seguía con el mismo tamaño. En realidad, esto es lo que sucede normalmente cuando se da un mordisco a un pastel, pero Alicia estaba ya tan acostumbrada a que todo lo que le sucedía fuera extraordinario, que le pareció muy aburrido y muy tonto que la vida discurriese por cauces normales.
Así pues pasó a la acción, y en un santiamén dio buena cuenta del pastelito.
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jueves, 13 de mayo de 2010

con moderación

las bebidas alcohólicas nos acompañan desde tiempos inmemoriales, y son uno de los tantos pasos que damos para dejar atrás la infancia y entrar de lleno en la juventud.
confieso que llegaron a mi vida bastante mas tarde de lo usual en mi generación, pero confieso también que llegaron para quedarse. la variedad que presentan hace que siempre podamos estar en busca de algo nuevo y es inevitable que también, estemos volviendo a sabores antes conocidos.
pero si algo trajeron a mi vida, fue la posibilidad del brindis, esa instancia colectiva en la que estamos dispuestos a ser algo mejores, deseando lo bueno para otros.
es en verdad un momento de fugaz felicidad, y especialmente feliz si estamos en buena compañía, tanto de amigos como de bebida.
por tanto, alcemos nuestras copas, hagamos nuestros votos; demos paso a maría eugenia vaz ferreira desde su "isla de los cánticos" y brindemos


Vaso furtivo

Por todo lo breve y frágil,
superficial, fugitivo,
por lo que no tiene bases,
argumentos ni principios;
por todo lo que es liviano,
veloz, mudable y finito;
por las volutas del humo,
por las rosas de los tirsos,
por la espuma de las olas
y las brumas del olvido...
por lo que les carga poco
a los pobres peregrinos
de esta trashumante tierra
grave y lunática, brindo
con palabras transitorias
y con vaporosos vinos
de burbujas centelleantes
en cristales quebradizos...

lunes, 10 de mayo de 2010

saludable/obsesivo/delgado atormentador/sin cuerpo/siempre mi cuerpo/ gordo/culpa/dulce culpa/ no es adrede/no es tan fácil/ obsesivo flaco saludable/delgada voluntad/ este cuerpo.
la enumeración intenta, de alguna manera, describir eso que sucede cuando la gordura llega.
nuestra alimentación o mejor dicho el estilo de ella, deja huellas en nuestro cuerpo, y con ellas las consecuencias en nuestro entorno.
esta cárcel, estos hierros, donde el alma esa metida... decía santa Teresa de Jesús con dolorosa claridad, y parecería que los gordos, son los únicos portadores de cuerpo en su mas rotunda expresión, en nuestra "todosdebemoseromosflacosylindos" sociedad.
incluso el evitar la inclusión en esta categoría y el abandono de una forma de alimentación ha generado poesía( por suerte casi todo genera poesía) y Andrés Lewin en su blog lo demuestra*


ME EXPANDO


Me expando.
Me expando como el Universo.
Dicen que he engordado.
Es verdad que llevo mucho tiempo expandiéndome a lo ancho,
pero ahora también he decidido viajar,
conocer nuevos horizontes.
Me espera esta maravillosa España,
este crisol, esta amalgama de culturas,
este cruce de raíces, piedra en el camino y ardillita en el árbol.
Y osos y lobos y ovejitas,
animales de amor.
Necesito saber cómo nació la expresión “Ancha es Castilla”.
Y me inquieta pensar qué opinan los rusos de todo esto.

No nos olvidemos tampoco de ese parquecito en Pamplona
donde los animalitos conviven en paz y armonía.
Cuando veo el telediario me entran ganas
de lanzarme con ellos.

No estoy seguro de si a la inversa,
cuando ellos ven el telediario
tienen ganas de lanzarse hacía mi.
Yo espero que no
y supongo que no,
y aunque tendrían motivos para hacerlo,
ellos no ven el telediario.

Y además yo vivo en Madrid.

Adoro la comida japonesa.
Tengo una especial relación masoquista
con la cosa verde de rábano.

Veréis que hablo mucho de comida.
Pensaréis que es prosaico y glotón.
Pero en mis viajes he descubierto
que la gastronomía también es cultura,
y los veinte kilos que me sobran
son veinte kilos de cultura.

¿Podía yo negarme a conocer los platos típicos de cada lugar que he
visitado,
teniendo en cuenta además que nunca pagué nada?

Puedo decir
que he vivido al límite.
Quizás el momento más extremo
lo protagonicé en el hotel de Barcelona,
cuando aprovechando el buffet libre de desayuno
me comí para desayunar
treinta choricitos.



EL FIN DE LA GRASA

Hoy me enfrento a mis pasiones
con la fiereza de un guerrero:
salgo a la calle con un tupper
lleno de zanahorias peladas,
y me las como.

Es el fin de la grasa.

En este día para la historia,
voy a hacer un homenaje emocionante
a los pilares fundamentales
de mi pasado.

LA FIESTA DE LA PALATIBILIDAD

En la industria alimentaria,
se usa el término palatabilidad
para designar aquellos alimentos
que en contacto con la lengua
producen una sensación de placer,
y su característica fundamental
es que contienen grasa,
de modo que,
según la industria alimentaria,
sólo lo que tiene grasa es palatable,
y sólo lo que es palatable está bueno,
y por tanto,
sólo lo que tiene grasa está bueno.

Y ésta fue mi guía
en los días de incertidumbre.


LA DEBACLE ALIMENTICIA

El remedio a mi tristeza
eran dos pizzas familiares
con extra de queso
y un mínimo de tres ingredientes,
que en ningún caso podían ser pimientos
o ninguna otra verdura.
Al terminar con todo era habitual
tumbarme en el sofá
para lamentarme y repetir
"qué arrepentimiento,
qué arrepentimiento".

El día de la Gran Debacle,
que hoy recuerdo
con una mezcla de pavor y nostalgia,
tuve que abrir la mesa del salón como si hubiera invitados,
porque además de las pizzas,
hubo fuet,
patés,
hamburguesas,
batido de chocolate,
patatas fritas,
Coca Cola,
pasteles variados,
una baguette
y una palmera de chocolate blanco.

Y éstos eran mis compañeros
en los días de soledad.


LA BALADA DE LA GRASA.

Del mismo modo que una balada
es una forma musical
sosegada y tranquila,
la Balada de la grasa
tenía orden,
armonía
y grasa.

La preparación casera de alimentos,
(siempre y cuando engordaran mucho)
traía la calma
en los días de angustia.


LA OPERACIÓN TONELADA

Era imprescindible
dejar panceta en la nevera,
tocino,
una lata de fabada
y calamares fritos.
Al volver a casa
a las cinco de la madrugada,
quizás un poco abrumado por el alcohol,
ésta era mi compañía,
ésta era mi luz,
ésta era mi alegría
en los momentos de tristeza.

Quiero dar un saludo afectuoso,
cariñoso y palatable
a Jose,
por compartir y desarrollar conmigo
la alegría de estos conceptos.

* el blog se llama: Lancé una mandarina

viernes, 7 de mayo de 2010

café solo café

por supuesto había que llegar hasta el para sentirse satisfecho. y esta claro que no hay nada como un buen café después de, de... de lo que sea.
este liquido negro y humeante, solo puede ser definido como delicioso y, que halla quien no lo beba y sepa apreciarlo, es una muestra mas de la tolerancia de la humanidad con sus congéneres descarriados.
acompañante de los mas diversos humores, este caliente liquido, es para mi el mas urbano de cuantos el hombre a desarrollado.
y la vida en la ciudad suele ser difícil, y por tanto así lo capto el hondureño Rubén Izaguirre Fiallos en este breve texto de su libro "blanco"


Un Café

Yo digo,
que esa agua
es oscura,
porque está triste.

esta claro, aca falta un tango, y bue vamos con la rinaldi, morosamente impecable

domingo, 2 de mayo de 2010

negros

el camino por el que un alimento se transforma en un clásico, según postula Maximo Lopez May, es uno y solo uno; que guste y se repita. reconforta ver en la television a los platos salidos de las cocinas populares; nacidos para compartir con la familia y amigos, esos que para disfrutarlos cabalmente, hay que ir a la casa de las tías viejas o a fondas de aspecto que no condice con la calidad de sus sartenes.
y uno de estos clásicos es la razón de esta anotación, el frijol o poroto negro o como es nombrado en portugues, feijao preto.
con el se realizan guisados íntimamente ligados a la diáspora africana en América, y que su realización, insume igual cantidad de trabajo, como de vocación para compartir. sea feijoada o moros y cristianos, dos poetas no van a evocar a este clásico sin lugar a dudas. el salvadoreño ricardo castrorrivas adelantara en esto al brasileño chico buarque de holanda, poeta y cantor por mas datos



EL ARROZ CON FRIJOLES

¡Qué alianza tan hermosa!
¡Cerealera!
La del negro frijol
con el nevado
arroz,
que muestra ufano piel de cera,
contraste de un charol engalanado.

Fraternidad de moros y cristianos
en común religión alimentaria.
Abecé de condumios ciudadanos.
Alfabeto total del hambre agraria.

Límpida reunión de dos cereales
con distinto color y afín doctrina,
que al hermanar
sus dos sangres vitales

¡qué claro ejemplo dan a los humanos
cuando entonan a dúo en la cocina,
su Vegetal Canción de los Hermanos!




FEIJOADA COMPLETA

Mulher
Você vai gostar
Tô levando uns amigos pra conversar
Eles vão com uma fome que nem me contem
Eles vão com uma sede de anteontem
Salta cerveja estupidamente gelada prum batalhão
E vamos botar água no feijão

Mulher
Não vá se afobar
Não tem que pôr a mesa, nem dá lugar
Ponha os pratos no chão, e o chão tá posto
E prepare as lingüiças pro tiragosto
Uca, açúcar, cumbuca de gelo, limão
E vamos botar água no feijão

Mulher
Você vai fritar
Um montão de torresmo pra acompanhar
Arroz branco, farofa e a malagueta
A laranja-bahia ou da seleta
Joga o paio, carne seca, toucinho no caldeirão
E vamos botar água no feijão

Mulher
Depois de salgar
Faça um bom refogado, que é pra engrossar
Aproveite a gordura da frigideira
Pra melhor temperar a couve mineira
Diz que tá dura, pendura a fatura no nosso irmão
E vamos botar água no feijão