jueves, 28 de julio de 2011

cotidianas

a veces uno encuentra imagenes que por alguna razon le son familiares desde la primera vez que las ve.
quiza porque muestran elementos que creemos propios, o los anhelamos, o su belleza nos atrapa. o quiza sea todo eso combinado.
por eso, esta vez quien nos acompaña es una fotografa uruguaya karina perdomo quien realiza su muestra "metaforas cotidianas" sobre la que dice en el blog relación11. 
por momentos sus palabras pueden aplicarse a lo que se intenta a diario en las cocinas:
 
Se propone una mirada distinta a los objetos cotidianos que nos rodean, iniciando, a partir de la imagen dada, un viaje desde el concepto, desde la idea intangible al libre espacio de la imaginación. Creándose, así, una naturaleza diferente de las cosas, intentando ir más allá de la idea ordinaria y utilitaria de las mismas. Arribando a un mundo donde las cosas desaparezcan en su funcionalidad, desplazando su sentido natural y obvio, y persiguiendo, de esta manera, la provocación de una percepción poética, por un lado, intentando dar sentido de “ser” a la materia, es decir buscar o atribuirle una esencia, una nueva realidad simbólica, un atributo desconocido y extraño a sus propios conceptos de cosas/objetos. Por otro lado, se persigue lo irónico, analogías, metáforas, paradojas, etc.


Podría decirse que constituye una exigencia, a las cosas cotidianas, de una máxima significación metafórica donde la colaboración activa de la imaginación del intérprete se vuelve fundamental y necesaria. 

domingo, 24 de julio de 2011

a la sazón

descifrar el sabor de un plato es, si se lo toma con responsabilidad, una tarea compleja y que nos lleva un mundo de semejanzas y recuerdos.
si partimos de los cinco sabores que percibimos dulce, salado, ácido, amargo y el no tan conocido umami o sabroso; lo demás es la percepción de diferentes compuestos aromáticos que, traen a nuestra memoria, otros tiempos y otros lugares. 
ya después tratar de transmitir  y compartir "eso", hace que generemos complejas tablas de descriptores, que dan la ilusión de traducción, pero nos encierran en un idioma de  limitadas palabras. tiene de capricho y terquedad tanto como de la generosidad del que quiere compartir el descubrimiento de una maravilla.
por eso  a veces es necesario una mayor  adecuación entre lo que sentimos y lo que decimos, para que este juego de comunicación deje de ser de vocablos aislados para recuperar su calidad poética.
un buen ejemplo para esto lo da Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera:

El noble palacio del Marqués de Casalduero, de cuya existencia y blasones no se encontró nunca una noticia cierta, fue vendido primero a la Tesorería Municipal por un precio adecuado, y más tarde revendido por una fortuna al gobierno central, cuando un investigador holandés estuvo haciendo excavaciones para probar que allí estaba la tumba verdadera de Cristóbal Colón: la quinta. Las hermanas del doctor Urbino se fueron a vivir en el convento de las Salesianas, en reclusión sin votos, y Fermina Daza permaneció en la antigua casa de su padre hasta que estuvo terminada la quinta de La Manga. Entró en ella pisando firme, entró a mandar, con los muebles ingleses traídos desde el viaje de bodas y los complementarios que hizo venir después del viaje de reconciliación, y desde el primer día empezó a llenarla de toda clase de animales exóticos que ella misma iba a comprar en las goletas de las Antillas. Entró con el esposo recuperado, con el hijo bien criado, con la hija que nació a los cuatro meses del regreso y a la cual bautizaron con el nombre de Ofelia. El doctor Urbino, por su parte, entendió que era imposible recuperar a la es posa de un modo tan completo como la tuvo en el viaje de bodas, porque la parte de amor que él quería era la que ella le había dado a los hijos con lo mejor de su tiempo, pero aprendió a vivir y a ser feliz con los residuos. La armonía tan anhelada culminó por donde menos lo esperaban en una cena de gala en que sirvieron un plato delicioso que Fermina Daza no logró identificar. Empezó con una buena ración, pero le gustó tanto que repitió con otra igual, y estaba lamentando no servirse la tercera por remilgos de urbanidad, cuando se enteró de que acababa de comerse con un placer insospechado dos platos rebosantes de puré de berenjena. Perdió con galanura: a partir de entonces, en la quinta de La Manga se sirvieron berenjenas en todas sus formas casi con tanta frecuencia como en el Palacio de Casalduero, y eran tan apetecidas por todos que el doctor Juvenal Urbino alegraba los ratos libres de la vejez repitiendo que quería tener otra hija para ponerle el nombre bien amado en la casa: Berenjena Urbino.
Fermina Daza sabía entonces que la vida privada, al contrario de la vida pública, era tornadiza e imprevisible. No le era fácil establecer diferencias reales entre los niños y los adultos, pero en último análisis prefería a los niños, porque tenían criterios más ciertos. Apenas doblado el cabo de la madurez, desprovista por fin de cualquier espejismo, empezó a vislumbrar el desencanto de no haber sido nunca lo que soñaba ser cuando era joven, en el parque de Los Evangelios, sino algo que nunca se atrevió a decirse ni siquiera a sí misma: una sirvienta de lujo. En sociedad terminó por ser la más amada, la más complacida, y por lo mismo la más temida, pero en nada se le exigía con más rigor ni se le perdonaba menos que en el gobierno de la casa. Siempre se sintió viviendo una vida prestada por el esposo: soberana absoluta de un vasto imperio de felicidad edificado por él y sólo para él. Sabía que él la amaba más allá de todo, más que a nadie en el mundo, pero sólo para él: a su santo servicio.
Si algo la mortificaba era la cadena perpetua de las comidas diarias. Pues no sólo tenían que estar a tiempo: tenían que ser perfectas, y tenían que ser justo lo que él quería comer sin preguntárselo. Si ella lo hacía alguna vez, como una de las tantas ceremonias inútiles del ritual doméstico, él ni siquiera levantaba la vista del periódico para contestar: “Cualquier cosa”. Lo decía de verdad, con su modo amable, porque no podía concebirse un marido menos despótico. Pero a la hora de comer no podía ser cualquier cosa, sino justo lo que él quería, y sin la mínima falla: que la carne no supiera a carne, que el pescado no supiera a pescado, que el cerdo no supiera a sama, que el pollo no supiera a plumas. Aun cuando no era tiempo de espárragos había que encontrarlos a cualquier precio, para que él pudiera solazarse en el vapor de su propia orina fragante. No lo culpaba a él: culpaba a la vida. Pero él era un protagonista implacable de la vida. Bastaba el tropiezo de una duda para que apartara el plato en la mesa, diciendo: “Esta comida está hecha sin amor”. En ese sentido lograba estados fantásticos de inspiración. Alguna vez probó apenas una tisana de manzanilla, y la
devolvió con una sola frase: “Esta vaina sabe a ventana”. Tanto ella como las criadas se sorprendieron, porque nadie sabía de alguien que se hubiera bebido una ventana hervida, pero cuando probaron la tisana tratando de entender, entendieron: sabía a ventana.

martes, 19 de julio de 2011

hongos II

extraordinaria legión, variada en colores y texturas; recorren el mundo entero dejando una estela de sabores y colores profundos, delicados; siempre complejos y suceptibles frente al exceso de los actores culinarios.
desde los enoki japoneses, fantasmal racimo que se acerca al clasico champignon, y este al portobello, hay una similitud en la forma que no debe engañarnos: diversos son sus colores y texturas como diversa es su forma frente a la de girgolas, morillas o chanterrelles.
el bosque esta en su origen y al bosque evocan en la memoria de cada comensal. 
y es este origen el que debemos tener presente, ya que sus efectos pueden ser variados.
lo fantastico es su esencia y sus formas lo demuestran.
Lewis Carroll en  Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas da una muestra de ello:

 ...La Oruga fue la primera en hablar.
¿Qué tamaño te gustaría tener? -le preguntó.
-No soy difícil en asunto de tamaños -se apresuró a contestar Alicia-. Sólo que no es agradable estar cambiando tan a menudo, sabe.
-No sé nada -dijo la Oruga. Alicia no contestó. Nunca en toda su vida le habían llevado tanto la contraria, y sintió que se le estaba acabando la paciencia.
-¿Estás contenta con tu tamaño actual? -preguntó la Oruga.
-Bueno, me gustaría ser un poco más alta, si a usted no le importa. ¡Siete centímetros es una estatura tan insignificante!
¡Es una estatura perfecta! -dijo la Oruga muy enfadada, irguiéndose cuan larga era (medía exactamente siete centímetros).
-¡Pero yo no estoy acostumbrada a medir siete centímetros! se lamentó la pobre Alicia con voz lastimera, mientras pensaba para sus adentros: «¡Ojalá estas criaturas no se ofendieran tan fácilmente!»
-Ya te irás acostumbrando -dijo la Oruga, y volvió a meterse la pipa en la boca y empezó otra vez a fumar.
Esta vez Alicia esperó pacientemente a que se decidiera a hablar de nuevo. Al cabo de uno o dos minutos la Oruga se sacó la pipa de la boca, dio unos bostezos y se desperezó. Después bajó de la seta y empezó a deslizarse por la hierba, al tiempo que decía:
-Un lado te hará crecer, y el otro lado te hará disminuir.
-Un lado ¿de qué? El otro lado ¿de que? -se dijo Alicia para sus adentros.
-De la seta -dijo la Oruga, como si la niña se lo hubiera preguntado en voz alta.
Y al cabo de unos instantes se perdió de vista.
Alicia se quedó un rato contemplando pensativa la seta, en un intento de descubrir cuáles serían sus dos lados, y, como era perfectamente redonda, el problema no resultaba nada fácil. Así pues, extendió los brazos todo lo que pudo alrededor de la seta y arrancó con cada mano un pedacito.
-Y ahora -se dijo-, ¿cuál será cuál?
Dio un mordisquito al pedazo de la mano derecha para ver el efecto y al instante sintió un rudo golpe en la barbilla. ¡La barbilla le había chocado con los pies!
Se asustó mucho con este cambio tan repentino, pero comprendió que estaba disminuyendo rápidamente de tamaño, que no había por tanto tiempo que perder y que debía apresurarse a morder el otro pedazo. Tenía la mandíbula tan apretada contra los pies que resultaba difícil abrir la boca, pero lo consiguió al fin, y pudo tragar un trocito del pedazo de seta que tenía en la mano izquierda.
................
«¡Vaya, por fin tengo libre la cabeza!», se dijo Alicia con alivio, pero el alivio se transformó inmediatamente en alarma, al advertir que había perdido de vista sus propios hombros: todo lo que podía ver, al mirar hacia abajo, era un larguísimo pedazo de cuello, que parecía brotar como un tallo del mar de hojas verdes que se extendía muy por debajo de ella.
-¿Qué puede ser todo este verde? -dijo Alicia-. ¿Y dónde se habrán marchado mis hombros? Y, oh mis pobres manos, ¿cómo es que no puedo veros?
Mientras hablaba movía las manos, pero no pareció conseguir ningún resultado, salvo un ligero estremecimiento que agitó aquella verde hojarasca distante.
Como no había modo de que sus manos subieran hasta su cabeza, decidió bajar la cabeza hasta las manos, y descubrió con entusiasmo que su cuello se doblaba con mucha facilidad en cualquier dirección, como una serpiente. Acababa de lograr que su cabeza descendiera por el aire en un gracioso zigzag y se disponía a introducirla entre las hojas, que descubrió no eran más que las copas de los árboles bajo los que antes había estado paseando, cuando un agudo silbido la hizo retroceder a toda prisa. Una gran paloma se precipitaba contra su cabeza y la golpeaba violentamente con las alas.
-¡Serpiente! -chilló la paloma.
-¡Yo no soy una serpiente! -protestó Alicia muy indignada-. ¡Y déjame en paz!
-¡Serpiente, más que serpiente! -siguió la Paloma, aunque en un tono menos convencido, y añadió en una especie de sollozo-: ¡Lo he intentado todo, y nada ha dado resultado!
-No tengo la menor idea de lo que usted está diciendo! -dijo Alicia.
-Lo he intentado en las raíces de los árboles, y lo he intentado en las riberas, y lo he intentado en los setos -siguió la Paloma, sin escuchar lo que Alicia le decía-. ¡Pero siempre estas serpientes! ¡No hay modo de librarse de ellas!
Alicia se sentía cada vez más confusa, pero pensó que de nada serviría todo lo que ella pudiera decir ahora y que era mejor esperar a que la Paloma terminara su discurso.
-¡Como si no fuera ya bastante engorro empollar los huevos! -dijo la Paloma-. ¡Encima hay que guardarlos día y noche contra las serpientes! ¡No he podido pegar ojo durante tres semanas!
-Siento mucho que sufra usted tantas molestias -dijo Alicia, que empezaba a comprender el significado de las palabras de la Paloma. -¡Y justo cuando elijo el árbol más alto del bosque -continuó la Paloma, levantando la voz en un chillido-, y justo cuando me creía por fin libre de ellas, tienen que empezar a bajar culebreando desde el cielo! ¡Qué asco de serpientes!
-Pero le digo que yo no soy una serpiente. Yo soy una... Yo soy una...
-Bueno, qué eres, pues? -dijo la Paloma-. ¡Veamos qué demonios inventas ahora!
-Soy... soy una niñita -dijo Alicia, llena de dudas, pues tenía muy presentes todos los cambios que había sufrido a lo largo del día.
-¡A otro con este cuento! -respondió la Paloma, en tono del más profundo desprecio-. He visto montones de niñitas a lo largo de mi vida, ¡pero ninguna que tuviera un cuello como el tuyo! ¡No, no! Eres una serpiente, y de nada sirve negarlo. ¡Supongo que ahora me dirás que en tu vida te has zampado un huevo!
-Bueno, huevos si he comido -reconoció Alicia, que siempre decía la verdad-. Pero es que las niñas también comen huevos, igual que las serpientes, sabe.
-No lo creo -dijo la Paloma-, pero, si es verdad que comen huevos, entonces no son más que una variedad de serpientes, y eso es todo.
Era una idea tan nueva para Alicia, que quedó muda durante uno o dos minutos, lo que dio oportunidad a la Paloma de añadir:
-¡Estás buscando huevos! ¡Si lo sabré yo! ¡Y qué más me da a mí que seas una niña o una serpiente?
-¡Pues a mí sí me da! -se apresuró a declarar Alicia-. Y además da la casualidad de que no estoy buscando huevos. Y aunque estuviera buscando huevos, no querría los tuyos: no me gustan crudos.
-Bueno, pues entonces, lárgate -gruño la Paloma, mientras se volvía a colocar en el nido.
Alicia se sumergió trabajosamente entre los árboles. El cuello se le enredaba entre las ramas y tenía que pararse a cada momento para liberarlo. Al cabo de un rato, recordó que todavía tenía los pedazos de seta, y puso cuidadosamente manos a la obra, mordisqueando primero uno y luego el otro, y creciendo unas veces y decreciendo otras, hasta que consiguió recuperar su estatura normal.
Hacía tanto tiempo que no había tenido un tamaño ni siquiera aproximado al suyo, que al principio se le hizo un poco extraño. Pero no le costó mucho acostumbrarse y empezó a hablar consigo misma como solía.
-¡Vaya, he realizado la mitad de mi plan! ¡Qué desconcertantes son estos cambios! ¡No puede estar una segura de lo que va a ser al minuto siguiente! Lo cierto es que he recobrado mi estatura normal. El próximo objetivo es entrar en aquel precioso jardín... Me pregunto cómo me las arreglaré para lograrlo.
Mientras decía estas palabras, llegó a un claro del bosque, donde se alzaba una casita de poco más de un metro de altura.
-Sea quien sea el que viva allí -pensó Alicia-, no puedo presentarme con este tamaño. ¡Se morirían del susto!
Así pues, empezó a mordisquear una vez más el pedacito de la mano derecha, Y no se atrevió a acercarse a la casita hasta haber reducido su propio tamaño a unos veinte centímetros.

sábado, 16 de julio de 2011

brujas: vaya un sincero homenaje III

el caldero humeante, un fuego perpetuo y burbujas quemantes que salen explotan y prometen ardor a sus victimas.
la descripción podría ser la de una cocina donde preparan la italianisima polenta, pero en realidad es lo que el imaginario ha dejado a las brujas y las cocciones de sus pócimas y encantamientos.
al fin de toda cuenta, estas estrictas cocineras, tan meticulosas como un pastelero; ya que ni la  magia ni los levisimos hojaldres admiten errores, están metidas tanto en nuestros libros como sarténes.
y si están en grupo, mucho mejor para establecerse como advertencia frente a lo desconocido y los riesgos que su trato trae.
 nadie mejor que William Shakespeare y su tragedia Macbeth para recrearlas... demos paso pues a los actores
        ACTO IV
PRIMERA ESCENA
Una caverna. En medio, un caldero hirviente.Truenos
Entran las tres brujas.
BRUJA PRIMERA
Tres veces maulló el gato atigrado.
BRUJA SEGUNDA
Tres y una más gimió el erizo.
BRUJA TERCERA
Llegó el momento, nos anuncia la arpía.
BRUJA PRIMERA
Bailemos en torno al caldero y alimentémoslo con entrañas envenenadas. Tú, sapo, que durante treinta y un días y otras tantas noches has sudado veneno bajo fría piedra, serás el primero que cuezas en el caldero encantado.
BRUJA SEGUNDA
-Hiervan y cósanse en la cazuela, rueda de víbora, ojo de lagartija, pie de rana, piel de murciélago, lengua de perro, estiércol de sierpe, aguijón de culebra, pierna de lagarto y ala de mochuelo; cósanse y hiervan como si fuesen filtro infernal, para darnos un poderoso hechizo.
LAS TRES
Redoblemos el trabajo y el afán, y arderá el fuego y hervirá el caldero.
BRUJA TERCERA
Hiérvanse, escama de dragón, diente de lobo, betún de brujas, vejiga de tiburón, raíz de cicuta de noche arrancada, hígado de judío blasfemo, hiel de cabra, hojas de abeto plateadas a la luz de la luna que se oculta, nariz de turco, labio de tártaro, dedo de criatura estrangulada al nacer y arrojada al foso por una mujerzuela; todo esto, mezclado con entrañas de tigre, son los ingredientes de nuestra cazuela.
LAS TRES
Redoblemos el trabajo y el afán, y arderá el fuego y hervirá el caldero.
BRUJA SEGUNDA
Enfriémoslo con sangre de mono, y estará el hechizo completo y dispuesto.

Entra Hécate, uniéndose a las tres brujas.
HÉCATE
¡Magnífico! Han hecho un gran trabajo y participarán del triunfo. Y ahora, canten todas alrededor del caldero, como si los trasgos y las hadas formaran un anillo, y hechizen cuanto han echado a la cazuela.

Música y canto de las brujas.
Se va Hecate.
BRUJA SEGUNDA
Por la picazón de mis dedos adivino que se acerca un malvado ... ¡Abran paso, puertas, a quienquiera que llame!

Entra Macbeth.
MACBETH
¿Qué significa esto, fantasmas de la medianoche, viejas horribles y misteriosas? ¿Qué están haciendo?

LAS TRES BRUJAS
Un extraordinario conjuro.
MACBETH
Por ese conjuro, venga de donde hubiere llegado hasta ustedes, han de responderme. Aunque liberen los vientos y los lancen contra las cúpulas de las iglesias; aunque las olas, empujándose unas a otras, destruyan y se traguen todo cuanto atraviesa la mar; aunque la mies se doble y los árboles se destronquen; aunque los castillos caigan sobre las cabezas de sus guardianes, y las torres de los palacios y las cimas de las pirámides besen el polvo del suelo; no importa que el rico tesoro de los gérmenes de la naturaleza desaparezca de una vez y que hasta la misma destrucción quede extenuada; respóndanme a lo que he de preguntarles....

domingo, 3 de julio de 2011

brujas: vaya un sincero homenaje II

mala de toda maldad, es la protagonista de una de las escenas mas terroríficas de la casa Disney. 
su vanidad la llevo mas allá de lo que la audiencia infantil pudiera soportar y concentra toda su acción en una simbólica manzana. 
su hechizo, transformación y relación con otros personajes es memorable y debiera aleccionarnos sobre los desconocidos, sus ofrecimientos y hasta de las manzanas.
en esta ocasión la homenajeada es la Reina en Blancanieves de Disney y su memorable transformación en la vieja bruja.